miércoles, 29 de octubre de 2014
Un puente con gatos
20 gatos adornan este puente a una cuadra de mi casa
Ésta es la pieza de mobiliario urbano de mi barrio "Patio bonito" que más me gusta. Es una intervención de la artista Maria Teresa Cano, Le brinda vida a este puente tan abandonado que la verdad usa poca gente. Creo que lo he llegado a usar 5 veces en mi vida, pero siempre que salgo a esperar en bus para la universidad en la avenida de Las Vegas les pego una miradita. Lo que más lindo encuentro es que cada gato esté en una posición diferente pero siempre muy fiel a las poses misteriosas, juguetonas y sensuales de los gatos. Es imposible cruzar el puente sin querer tocar alguno de estos, como quien acaricia un gato de verdad y después juega con su cola
martes, 16 de septiembre de 2014
Códice Borbónico
Ahora podemos reproducir la realidad de una manera fiel con los avances de la fotografía, la cantidad de recursos y materiales tecnológicos, hasta hemos creado realidades ampliadas e interactivas como las películas 3D o los video juegos, pero no siempre el hombre reprodujo la vida con tantas facilidades. Eran preocupaciones de civilizaciones antiguas la conservación de su obra, el almacenamiento de la información, tal como cada hombre moderno lo experimenta hoy, al usar una usb, un computador, o las pinturas y el papel que compra en Todo en Artes, etc.
La primera vez que visité la colección Belisario Betancur en la UPB, me encontré con el códice Borbónico, plegado maya que data de 1563 aproximadamente, de contenido religioso.
Los colores, las formas indescifrables, la organización de las formas, el tamaño considerablemente grande de este libro en forma de acordeón, me atraparon.
Mi interés se centra no tanto en las posibles interpretaciones a su contenido, sino en el libro como forma y objeto. El facsímil que se halla en la biblioteca es una reproducción fiel del original, son evidentes en el las anotaciones de las interpretaciones mal logradas de los españoles que posteriormente se adueñaron del libro. Es admirable como esta cultura resolvió el problema de la encuadernación plegando el papel, esto resulta casi tan útil como las hojas singulares y unidas por el lomo en los libros manuscritos que se realizaban en Europa contemporáneamente al códice.
El plegado en forma de biombo resuelve de manera práctica la finalidad del libro: podía ser desplegado a la hora del ritual, pues debía ser colgado de la copa de los árboles, la extensión de papel llegaba hasta el piso, donde la tribu ría culto al sagrado contenido del libro. También es de resaltar el manejo y la conservación de los pigmentos vegetales. Los colores predominantes del códice (negro, rojo, amarillo, azul y verde) se muestran vivos y fuertes.
Es notorio un cambio de contenido o carácter del libro. En un principio el contenido de las ilustraciones llega a ser explícitamente violento y sexual. Luego cambia radicalmente y posee un lenguaje más austero y reservado. Se habla de que fueron los españoles quienes evitaron la manifestación pura y auténtica del los grafismos indígenas.
Es una lástima que el libro reciba un nombre europeo que no exprese nada de su contenido y valor, pero es precioso que cientos de años atrás se conserven estas obras y existan casa editoriales que las reproduzcan fielmente como este facsímil al que pude tener acceso en la biblioteca de mi universidad.
De la película Medianeras.
Pongo la película aproximadamente a las 5 am, la pantalla de mi computador funciona como un televisor desde mi cama. Al comenzar el día me siento limpia y más abierta para entregarme a un libro, programa de radio,o una canción, y porqué no, una película. Fue delicioso ver las primeras imágenes de "Medianeras" en la madrugada, pues en sus primeros minutos se muestran imágenes de Buenos Aires despertando desde sus edificios y tejados. Contrastes irregulares y eclécticos típicos de una ciudad grande.
Estos paisajes urbanos tan criticados, que nacen como producto de la falta de planeación y una sociedad de costumbres efímeras y rápidas, me resultaron emocionantes y diversos, nunca llegué a comprender bien como los personajes de la película pudieran vivir tan encerrados en una gran ciudad tan diferente en cada esquina, llena de variaciones. Ellos resistiendo su depresión con natación , abriendo ventanas en sus oscuros apartamento, buscando pareja, etc. logran pasar un invierno que para ellos resulta ser cruel y bastante duro.
Por lo que vi en el paisaje urbano del film, Buenos Aires pareciera ofrecerse a sus habitantes como una ciudad con bastantes actividades al aire libre. Escuchando historias de mi hermana, que vivió allí un año, sé que la capital de Argentina tiene grandes parque, cantidad de actividades culturales a buen precio, cafés donde te puedes sentar a pasar la tarde sin necesidad de pedir nada al mesero, pues no te echan del establecimiento por no consumir. También sé que es cierto eso de los apartamentos pequeños donde no entra ni un rayo de sol y la vista desde la ventana parece ser miserable para muchos, pero creo que los personajes de la película exageran, puede ser solo desde mi punto de vista, pues amo las grandes ciudades y con tal de vivir inmersa en ese río de gente y lugares e infinitas calles por conocer, aguantaría sin problema lo de vivir en un pequeño apartamento. Algo no muy alejado de la realidad, pues vivo en un apartamento (no tan pequeño) con mis padres y mi hermano, pero duermo y habito la mayoría del tiempo en casa en una pequeña habitación donde no sé como, pero logran caber una cama, una pequeña biblioteca mi computador y un escritorio.
A diferencia de los pequeños, olvidados y desordenados apartamentos de los personajes de Medianeras, habito mi pequeño espacio apropiándome de él, me gusta decorarlo, pego imágenes y dibujos en la pared, cuelgo muñecos del techo etc. Así cuando no tengo nada mirar mis paredes no resulta deprimente, sino divertido. Cada imagen posee un recuerdo que se puede relacionar con el de el lado y crear historias en ese territorio que hasta parece un mapa con calles, cuadras, esquinas.
viernes, 8 de agosto de 2014
Pensando en la UPB me salió este discurso humanitario
Pensando en los vestigios de civilizaciones antiguas en la
universidad obviamente todo viene de algo, como en el mundo actual. Somos el
resultado de la copia y las constantes repeticiones de antiguos aciertos y esfuerzos de otras gentes;
repeticiones en las que muchas veces se
ha perdido la lógica y se repite el error teniendo como resultado un mundo moderno
tal vez muy alejado de la idea de perfección urbana que podían haber soñado los
antiguos.
Pero aquí hemos llegado, con grandes inventos,
descubrimiento del espacio exterior, guerras mundiales, enfermedades que parecen
sacadas de la ciencia ficción, internet, etc. Y el resultado, aunque caótico no
está del todo tan mal; un mundo donde no tengo que cultivar ni recoger ni preparar
todo lo que me como, donde abro la canilla y sale agua por la que no tuve que
ir a un pozo, deja tiempo libre para el ocio y la solución de otros problemas,
talvez más elevados y a veces mucho más lejanos de la vida de aquel hombre que, lleno de sabiduría práctica, se le
iba el tiempo en saciar necesidades elementales.
Ahora tenemos mucho tiempo libre de oficios para pensar en
saberes mucho más específicos y a la hora de la verdad quien sabe que tan útiles
sino sabemos aplicarlos a las cosas comunes y problemáticas sociales diarias.
Éste espacio universitario lo encuentro bastante griego. Por
su concepción y finalidad, cultivar el conocimiento, pensar, idear, estudiar,
plantear preguntas, resolverlas, discutirlas. Ir a la biblioteca, o a un foro
en un auditorio, después practicar algún deporte en el polideportivo, reunirse
a charlar bajo un árbol o en la cafetería, son actitudes bastantes griegas, una
ciudad universitaria pensada para el desarrollo y conservación del pensamiento
y el ingenio del hombre.
Creo que en la medida en que apliquemos nuestros
conocimientos a la vida práctica, estos serán reales y verdaderamente valiosos. Observo que como
humanos actualmente poseemos muchos datos e información sobre miles de cosas,
pero nos enredamos con lo más cercano, tambaleamos en el terreno de la
convivencia y el desarrollo conjunto con el otro. Ojalá que nuestras prácticas llevadas a
cabo en la academia se van reflejadas también en nuestra casa, barrio, ciudad,
y así ampliar este círculo hasta el mundo. Que no tengamos solo datos de
conocimiento sino una formación ética que nos lleve a tomar y aplicar
inteligentemente el producto de nuestro pensar.
jueves, 7 de agosto de 2014
¿Vida de Barrio?
Vivo en el barrio Poblado Patio Bonito, que sí es Bonito y
algo de tiene de vida de barrio.
Lo que más valoro de este lugar que a diferencia de otros sectores del
poblado es su ubicación entre las Vegas y la Avenida, y lo planito de su terreno, que no es tan “faldudo” y se
deja caminar.
Los momentos más significativos de comunidad, o eso de
coexistir con otras personas en el mismo lugar, son los breves pasos por el
ascensor donde a veces veo a otros vecinos y en tramo de la portería donde paso
diciendo -¡Hola Pedro!- por la mañana, y -¡Hola Mejía!- por la noche.
Del edificio conocía a los del frente pero ya se fueron, y a
los nuevos les conozco el acento de rolos, los gustos musicales, y algunos
dramas familiares.
De la calle conozco al señor que vende flores con la esposa,
que viven en Santa Elena y son silleteros, al que se hace en la otra esquina y vende cigarrillos,
bananos murrapos y aguacates, los que le montaron la competencia de aguacates a
dos cuadras, al señor de la mazamorra, al del carrito de las Dunkin Donuts, el
que pasa gritando que arregla licuadoras, al de paletas, al de las obleas y las
solteritas y a el las fresas.
Aunque llevo viviendo aquí varios años no conozco a casi
nadie pues a diferencia de mi mama no voy ni a la Iglesia ni a la peluquería
que se prestan más para la socialización; pero sí camino por el barrio y sé que
además de estos dos lugares hay hostales , tiendas de decoración, alquiler de
vestidos, oficinas, gimnasio, restaurantes, un parque que limita con Astorga,
un toldito de un señor zapatero, lo que se me escape, más mi favorito que es el
sendero paralelo a la quebrada dónde hay sombra y es fresco por la cantidad de
plantas que lo bordean.
Es un jardín
que rápidamente podría parecer un rastrojo pero por el contario es un lugar muy
bien cuidado, lleno de plantas que dan apariencia de crecer libremente pero que
fueron sembradas por algún jardinero. Éste paisaje posee
el mismo carácter del de el High Line
en NY, dónde después de construido el parque se conservaron todas las especies
de plantas que por azar llegaron a estas carrileras de tren mientras estuvieron
abandonadas.
Creo que si alguna vez experimenté verdaderamente esa “vida
de barrio” fue Prado donde solo contando una cuadra (desde mi casa en Palacé
con Urabá, hasta la iglesia del Espíritu Santo) puedo decir que conocía a las
monjitas del frente, a Doña Rosalba la vecina del lado derecho que hacía
tamales deliciosos y era de Curazao, a Doña Maruja la del lado izquierdo que me
abrazaba dolorosamente fuerte y me gritaba con cariño y crueldad -¡Me encantan los Blancos!- , A Doña
Lucia la de la colección de pesebres y la mejor navidad del barrio, a los de la
casa del Opus Dei que después remplazaron por un asilo, a Doña Inés la modista,
al señor que paseaba muchos perros y a pesar de su pinta respetable y decente
mi papá estaba seguro de que era él el que le robaba el colombiano los
domingos, la casa del alcalde, del obispo, Reinaldo el habitante de la calle
que siempre estaba con un palito como batuta y un periódico como partitura
dirigiendo una orquesta invisible, pero que estoy segura, tocaban increíble por
las largas horas nocturnas de emocionantes conciertos frente a mi casa y así
puedo ir nombrando a muchos a medida que avanzan las cuadras.
Recuerdo una frase
de Mafalda: “Creo que la vida moderna
tiene más de moderna que de vida” y la siento tan cierta pues por la
cantidad y efectividad de mis recuerdos puedo decir que el barrio dónde habité aquella casa de bareque de la primera
mitad de mi vida, tiene más vida que éste moderno edificio de ladrillos a los que
les fata tanta.
martes, 29 de julio de 2014
Las ciudades imaginarias
Todos estos comentarios surgieron después de leer "3 veces Berlín" de Memo Anjel, lectura que fue para mí muy agradable por su sinceridad. El texto es una descripción de Berlín desde la interioridad del caminante, una fotografía de palabras donde la caja oscura es quien narra y captura la imagen de ciudad, ciudad que Memo nos dibuja describiendo los rostros de la gente, las culturas que la habitan, el sabor de la comida, desde extensos recorridos urbanos a pie o en el metro, visitando la biblioteca, tomando algo en algún bar, contemplando el muro que sin estar, está o mirando por la ventanita de su apartamento cualquier rincón del aire.
Del texto lo que más cala en mí, es aquella afirmación de que la ciudad es lo que uno imagina en ella, las ideas que en uno inspira, y así a la vez, es lo que uno niega u omite para configurarla, es decir, el cuerpo de ésta se entiende también por lo que no es.
Lo anterior me recordó una experiencia de viaje a Nueva York, ciudad que fue para mí inagotable, inmensa pero a la vez amable. Ella con sus inmensas manzanas organizadas en cuadrícula se dejaba caminar, al principio como un laberinto pero con el paso de los días y las estaciones se dejó descifrar y dar cuerpo, hasta ser en mí algo viviente y mucho más subjetivo y complejo que mi mirada corta de turista recién llegada.
Fotografía tomada por mi compañero de viaje, Camilo Toro
De los recuerdos más raros que me ligan a NY es en aquellos aproximados 2 días en que estuve leyendo "La ciudad de cristal" de Paul Auster, cuento que se desarrolla en el mismo lugar y que para mí creó imágenes mentales tan fuertes que se me volvieron lugares casi tangibles, donde deambulé con los personajes la misma ciudad y me sentí capturada por la historia, olvidando la acción de lectura en sí y creandome como un fantasma que observó y sintió.
Volviendo a Berlín, Memo termina enlazando aquellas 3 visiones de la ciudad en su "Informe de actividades" que para mí posee algo de surrealista, dando cuenta de aquella ciudad metafísica que crean las ciudades reales:
"En el año en que viví en Berlin, las calles se duplicaban y pasaban cosas
confusas. Por ejemplo, mi mujer nunca vivió en Charlottenburg, en
Wielandstrasse 18, el rabino de la sinagoga de la Pestalozzistrasse se hizo
más pequeño en el servicio de Yom Kipur y la mujer que pasaba en bicicleta,
seguida por un gato, resultó ser la que al final trajo los tiquetes para que
viajáramos al otro lado de mar"
Aquella otra ciudad que surge en la mente del visitante logra que ambos se vayan enmarañando hasta generar una dinámica de chicle, lo digo porque yo, ahora otra vez en Colombia, me siento estirada por un enredo que no es elástico porque me ata a aquella ciudad imaginada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




