El tren de los dormidos
Estas historias de carácter cotidiano, pero a su vez surrealistas me recordaron a esos personajes casi fantasmales que en medio de la gente parecen salidos de un cuento, anacrónicos, como perdidos, de una belleza conmovedora y particular, solitarios, confundidos en su emotividad, todos tan teatrales y marchitos por el paso del tiempo, y tal vez la espera. Esa expresión del libro, sobre el viejo que fuma mucho y tiene un pequeño hueco en la boca como hecho únicamente para su cigarrillo me enamoró. Particularmente , reconozco esas caras de viejos flacos fumadores canosos con barba, me llaman la atención. Recordé este personaje que me impactó mucho, por la ternura y la sorpresa que me generó. Estaba en Manila en un pequeño parque, lo vi sentarse en el columpio , no llevaba zapatos pero estaba bien vestido, tenía un buen reloj y aunque su barba y su pelo eran abundantes se veían limpios y en su lugar. ¡Que curiosidad saber la historia detrás de este tipo! porqué habrá tomado la decisión de venir hoy a montar en columpio. Pensé en hablarle, pero no me atreví, así que le pedí a Susana la amiga que me acompañaba que posara para una foto para confundirlo y así robarle una a escondidas. Esa visión no se me olvida. Fue un momento emotivo y estético, así como aquellos retratos que captó MeMo en el Tren de los Dormidos
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