Pensando en los vestigios de civilizaciones antiguas en la
universidad obviamente todo viene de algo, como en el mundo actual. Somos el
resultado de la copia y las constantes repeticiones de antiguos aciertos y esfuerzos de otras gentes;
repeticiones en las que muchas veces se
ha perdido la lógica y se repite el error teniendo como resultado un mundo moderno
tal vez muy alejado de la idea de perfección urbana que podían haber soñado los
antiguos.
Pero aquí hemos llegado, con grandes inventos,
descubrimiento del espacio exterior, guerras mundiales, enfermedades que parecen
sacadas de la ciencia ficción, internet, etc. Y el resultado, aunque caótico no
está del todo tan mal; un mundo donde no tengo que cultivar ni recoger ni preparar
todo lo que me como, donde abro la canilla y sale agua por la que no tuve que
ir a un pozo, deja tiempo libre para el ocio y la solución de otros problemas,
talvez más elevados y a veces mucho más lejanos de la vida de aquel hombre que, lleno de sabiduría práctica, se le
iba el tiempo en saciar necesidades elementales.
Ahora tenemos mucho tiempo libre de oficios para pensar en
saberes mucho más específicos y a la hora de la verdad quien sabe que tan útiles
sino sabemos aplicarlos a las cosas comunes y problemáticas sociales diarias.
Éste espacio universitario lo encuentro bastante griego. Por
su concepción y finalidad, cultivar el conocimiento, pensar, idear, estudiar,
plantear preguntas, resolverlas, discutirlas. Ir a la biblioteca, o a un foro
en un auditorio, después practicar algún deporte en el polideportivo, reunirse
a charlar bajo un árbol o en la cafetería, son actitudes bastantes griegas, una
ciudad universitaria pensada para el desarrollo y conservación del pensamiento
y el ingenio del hombre.
Creo que en la medida en que apliquemos nuestros
conocimientos a la vida práctica, estos serán reales y verdaderamente valiosos. Observo que como
humanos actualmente poseemos muchos datos e información sobre miles de cosas,
pero nos enredamos con lo más cercano, tambaleamos en el terreno de la
convivencia y el desarrollo conjunto con el otro. Ojalá que nuestras prácticas llevadas a
cabo en la academia se van reflejadas también en nuestra casa, barrio, ciudad,
y así ampliar este círculo hasta el mundo. Que no tengamos solo datos de
conocimiento sino una formación ética que nos lleve a tomar y aplicar
inteligentemente el producto de nuestro pensar.
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