miércoles, 29 de octubre de 2014

El tren de los dormidos


El tren de los dormidos

Estas historias de carácter cotidiano, pero a su vez surrealistas me recordaron a esos personajes casi fantasmales que en medio de la gente parecen salidos de un cuento, anacrónicos, como perdidos, de una belleza conmovedora y particular, solitarios, confundidos en su emotividad,  todos tan teatrales y marchitos por el paso del tiempo, y tal vez la espera. Esa expresión del libro, sobre el viejo que fuma mucho y tiene un pequeño hueco en la boca como hecho únicamente para su cigarrillo me enamoró. Particularmente , reconozco esas caras de viejos flacos fumadores canosos con barba, me llaman la atención. Recordé este personaje que me impactó mucho, por la ternura y la sorpresa que me generó. Estaba en Manila en un pequeño parque, lo vi sentarse en el columpio , no llevaba zapatos pero estaba bien vestido, tenía un buen reloj y aunque su barba y su pelo eran abundantes se veían limpios y en su lugar. ¡Que curiosidad saber la historia detrás de este tipo! porqué habrá tomado la decisión de venir hoy a montar en columpio. Pensé en hablarle, pero no me atreví, así que le pedí a Susana la amiga que me acompañaba que posara para una foto para confundirlo y así robarle una a escondidas. Esa visión no se me olvida. Fue un momento emotivo y estético, así como aquellos retratos que captó MeMo en el Tren de los Dormidos

Un puente con gatos


20 gatos adornan este puente a una cuadra de mi casa

Ésta es la pieza de mobiliario urbano de mi barrio "Patio bonito" que más me gusta. Es una intervención de la artista Maria Teresa Cano, Le brinda vida a este puente tan abandonado que la verdad usa poca gente. Creo que lo he llegado a usar 5 veces en mi vida, pero siempre que salgo a esperar en bus para la universidad en la avenida de Las Vegas les pego una miradita. Lo que más lindo encuentro es que cada gato esté en una posición diferente pero siempre muy fiel a las poses misteriosas, juguetonas y sensuales de los gatos. Es imposible cruzar el puente sin querer tocar alguno de estos, como quien acaricia un gato de verdad y después juega con su cola