Todos estos comentarios surgieron después de leer "3 veces Berlín" de Memo Anjel, lectura que fue para mí muy agradable por su sinceridad. El texto es una descripción de Berlín desde la interioridad del caminante, una fotografía de palabras donde la caja oscura es quien narra y captura la imagen de ciudad, ciudad que Memo nos dibuja describiendo los rostros de la gente, las culturas que la habitan, el sabor de la comida, desde extensos recorridos urbanos a pie o en el metro, visitando la biblioteca, tomando algo en algún bar, contemplando el muro que sin estar, está o mirando por la ventanita de su apartamento cualquier rincón del aire.
Del texto lo que más cala en mí, es aquella afirmación de que la ciudad es lo que uno imagina en ella, las ideas que en uno inspira, y así a la vez, es lo que uno niega u omite para configurarla, es decir, el cuerpo de ésta se entiende también por lo que no es.
Lo anterior me recordó una experiencia de viaje a Nueva York, ciudad que fue para mí inagotable, inmensa pero a la vez amable. Ella con sus inmensas manzanas organizadas en cuadrícula se dejaba caminar, al principio como un laberinto pero con el paso de los días y las estaciones se dejó descifrar y dar cuerpo, hasta ser en mí algo viviente y mucho más subjetivo y complejo que mi mirada corta de turista recién llegada.
Fotografía tomada por mi compañero de viaje, Camilo Toro
De los recuerdos más raros que me ligan a NY es en aquellos aproximados 2 días en que estuve leyendo "La ciudad de cristal" de Paul Auster, cuento que se desarrolla en el mismo lugar y que para mí creó imágenes mentales tan fuertes que se me volvieron lugares casi tangibles, donde deambulé con los personajes la misma ciudad y me sentí capturada por la historia, olvidando la acción de lectura en sí y creandome como un fantasma que observó y sintió.
Volviendo a Berlín, Memo termina enlazando aquellas 3 visiones de la ciudad en su "Informe de actividades" que para mí posee algo de surrealista, dando cuenta de aquella ciudad metafísica que crean las ciudades reales:
"En el año en que viví en Berlin, las calles se duplicaban y pasaban cosas
confusas. Por ejemplo, mi mujer nunca vivió en Charlottenburg, en
Wielandstrasse 18, el rabino de la sinagoga de la Pestalozzistrasse se hizo
más pequeño en el servicio de Yom Kipur y la mujer que pasaba en bicicleta,
seguida por un gato, resultó ser la que al final trajo los tiquetes para que
viajáramos al otro lado de mar"
Aquella otra ciudad que surge en la mente del visitante logra que ambos se vayan enmarañando hasta generar una dinámica de chicle, lo digo porque yo, ahora otra vez en Colombia, me siento estirada por un enredo que no es elástico porque me ata a aquella ciudad imaginada.

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