viernes, 8 de agosto de 2014

Pensando en la UPB me salió este discurso humanitario

Pensando en los vestigios de civilizaciones antiguas en la universidad obviamente todo viene de algo, como en el mundo actual. Somos el resultado de la copia y las constantes repeticiones de  antiguos aciertos y esfuerzos de otras gentes; repeticiones en  las que muchas veces se ha perdido la lógica y se repite el error teniendo como resultado un mundo moderno tal vez muy alejado de la idea de perfección urbana que podían haber soñado los antiguos.
Pero aquí hemos llegado, con grandes inventos, descubrimiento del espacio exterior, guerras mundiales, enfermedades que parecen sacadas de la ciencia ficción, internet, etc. Y el resultado, aunque caótico no está del todo tan mal; un mundo donde no tengo que cultivar ni recoger ni preparar todo lo que me como, donde abro la canilla y sale agua por la que no tuve que ir a un pozo, deja tiempo libre para el ocio y la solución de otros problemas, talvez más elevados y a veces mucho más lejanos de la vida  de aquel  hombre que, lleno de sabiduría práctica, se le iba el tiempo en saciar necesidades elementales.
Ahora tenemos mucho tiempo libre de oficios para pensar en saberes mucho más específicos y a la hora de la verdad quien sabe que tan útiles sino sabemos aplicarlos a las cosas comunes y problemáticas sociales diarias.
Éste espacio universitario lo encuentro bastante griego. Por su concepción y finalidad, cultivar el conocimiento, pensar, idear, estudiar, plantear preguntas, resolverlas, discutirlas. Ir a la biblioteca, o a un foro en un auditorio, después practicar algún deporte en el polideportivo, reunirse a charlar bajo un árbol o en la cafetería, son actitudes bastantes griegas, una ciudad universitaria pensada para el desarrollo y conservación del pensamiento y el ingenio del hombre.

Creo que en la medida en que apliquemos nuestros conocimientos a la vida práctica, estos serán reales y  verdaderamente valiosos. Observo que como humanos actualmente poseemos muchos datos e información sobre miles de cosas, pero nos enredamos con lo más cercano, tambaleamos en el terreno de la convivencia y el desarrollo conjunto con el  otro. Ojalá que nuestras prácticas llevadas a cabo en la academia se van reflejadas también en nuestra casa, barrio, ciudad, y así ampliar este círculo hasta el mundo. Que no tengamos solo datos de conocimiento sino una formación ética que nos lleve a tomar y aplicar inteligentemente el producto de nuestro pensar. 

jueves, 7 de agosto de 2014

¿Vida de Barrio?

Vivo en el barrio Poblado Patio Bonito, que sí es Bonito y algo de tiene de vida de barrio.  Lo que más valoro de este lugar que a diferencia de otros sectores del poblado es su ubicación entre las Vegas y la Avenida,  y lo planito de su terreno, que no es tan “faldudo” y se deja caminar.

Los momentos más significativos de comunidad, o eso de coexistir con otras personas en el mismo lugar, son los breves pasos por el ascensor donde a veces veo a otros vecinos y en tramo de la portería donde paso diciendo -¡Hola Pedro!- por la mañana, y -¡Hola Mejía!- por la noche.

Del edificio conocía a los del frente pero ya se fueron, y a los nuevos les conozco el acento de rolos, los gustos musicales, y algunos dramas familiares.
De la calle conozco al señor que vende flores con la esposa, que viven en Santa Elena y son silleteros,  al que se hace en la otra esquina y vende cigarrillos, bananos murrapos y aguacates, los que le montaron la competencia de aguacates a dos cuadras, al señor de la mazamorra, al del carrito de las Dunkin Donuts, el que pasa gritando que arregla licuadoras, al de paletas, al de las obleas y las solteritas y a el las fresas. 

Aunque llevo viviendo aquí varios años no conozco a casi nadie pues a diferencia de mi mama no voy ni a la Iglesia ni a la peluquería que se prestan más para la socialización; pero sí camino por el barrio y sé que además de estos dos lugares hay hostales , tiendas de decoración, alquiler de vestidos, oficinas, gimnasio, restaurantes, un parque que limita con Astorga, un toldito de un señor zapatero, lo que se me escape, más mi favorito que es el sendero paralelo a la quebrada dónde hay sombra y es fresco por la cantidad de plantas que lo bordean.
Es un jardín que rápidamente podría parecer un rastrojo pero por el contario es un lugar muy bien cuidado, lleno de plantas que dan apariencia de crecer libremente pero que fueron sembradas por algún jardinero. Éste paisaje posee el mismo carácter del de el High Line en NY, dónde después de construido el parque se conservaron todas las especies de plantas que por azar llegaron a estas carrileras de tren mientras estuvieron abandonadas.


Creo que si alguna vez experimenté verdaderamente esa “vida de barrio” fue Prado donde solo contando una cuadra (desde mi casa en Palacé con Urabá, hasta la iglesia del Espíritu Santo) puedo decir que conocía a las monjitas del frente, a Doña Rosalba la vecina del lado derecho que hacía tamales deliciosos y era de Curazao, a Doña Maruja la del lado izquierdo que me abrazaba dolorosamente fuerte y me gritaba con cariño y crueldad -¡Me encantan los Blancos!- , A Doña Lucia la de la colección de pesebres y la mejor navidad del barrio, a los de la casa del Opus Dei que después remplazaron por un asilo, a Doña Inés la modista, al señor que paseaba muchos perros y a pesar de su pinta respetable y decente mi papá estaba seguro de que era él el que le robaba el colombiano los domingos, la casa del alcalde, del obispo, Reinaldo el habitante de la calle que siempre estaba con un palito como batuta y un periódico como partitura dirigiendo una orquesta invisible, pero que estoy segura, tocaban increíble por las largas horas nocturnas de emocionantes conciertos frente a mi casa y así puedo ir nombrando a muchos a medida que avanzan las cuadras. 

Recuerdo una frase de Mafalda: “Creo que la vida moderna tiene más de moderna que de vida” y la siento tan cierta pues por la cantidad y efectividad de mis recuerdos puedo decir que el barrio dónde habité  aquella casa de bareque de la primera mitad de mi vida, tiene más vida que éste moderno edificio de ladrillos a los que les fata tanta.