martes, 16 de septiembre de 2014

Códice Borbónico


Consultando sobre las civilizaciones Inca, Maya y Azteca, encontré fascinante el tema aquel de los códices y los grafismos de los indígenas americanos, pues como diseñadora gráfica disfruto al ver cómo el hombre en cada época, con sus conocimientos y recursos, plasma su realidad. Puede uno hasta encontrar similitudes en la manera de percibir el mundo entre civilizaciones que ni siquiera supieron de la existencia de la otra.

Ahora podemos reproducir la realidad de una manera fiel con los avances de la fotografía, la cantidad de recursos y materiales tecnológicos, hasta hemos creado realidades ampliadas e interactivas como las películas 3D o los video juegos, pero no siempre el hombre reprodujo la vida con tantas facilidades. Eran preocupaciones de civilizaciones antiguas la conservación de su obra, el almacenamiento de la información, tal como cada hombre moderno lo experimenta hoy, al usar una usb, un computador, o las pinturas y el papel que compra en Todo en Artes, etc. 

La primera vez que visité la colección Belisario Betancur en la UPB, me encontré con el códice Borbónico, plegado maya que data de 1563 aproximadamente, de contenido religioso. 
Los colores, las formas indescifrables,  la organización de las formas, el tamaño considerablemente grande de este libro en forma de acordeón, me atraparon.  

Mi interés se centra no tanto en las posibles interpretaciones a su contenido, sino en el libro como forma y objeto. El facsímil que se halla en la biblioteca es una reproducción fiel del original, son evidentes en el las anotaciones de las interpretaciones mal logradas de los españoles que posteriormente se adueñaron del libro. Es admirable como esta cultura resolvió el problema de la encuadernación plegando el papel, esto resulta casi tan útil como las hojas singulares y unidas por el lomo en los libros manuscritos que se realizaban en Europa contemporáneamente al códice. 
El plegado en forma de biombo resuelve de manera práctica la finalidad del libro: podía ser desplegado a la hora del ritual, pues debía ser colgado de la copa de los árboles, la extensión de papel llegaba hasta el piso, donde la tribu ría culto al sagrado contenido del libro. También es de resaltar el manejo y la conservación de los pigmentos vegetales. Los colores predominantes del códice (negro, rojo, amarillo, azul y verde) se muestran vivos y fuertes. 

Es notorio un cambio de contenido o carácter del libro. En un principio el contenido de las ilustraciones llega a ser explícitamente violento y sexual. Luego cambia radicalmente y posee un lenguaje más austero y reservado. Se habla de que fueron los españoles quienes evitaron la manifestación pura y auténtica del los grafismos indígenas. 

Es una lástima que el libro reciba un nombre europeo que no exprese nada de su contenido y valor, pero es precioso que cientos de años atrás se conserven estas obras y existan casa editoriales que las reproduzcan fielmente como este facsímil al que pude tener acceso en la biblioteca de mi universidad. 



De la película Medianeras.



Pongo la película aproximadamente a las 5 am,  la pantalla de mi computador funciona como un televisor desde mi cama. Al comenzar el día me siento limpia y más abierta para entregarme a un libro, programa de radio,o una canción, y porqué no, una película. Fue delicioso ver las primeras imágenes de "Medianeras" en la madrugada, pues en sus primeros minutos se muestran imágenes de Buenos Aires despertando desde sus edificios y tejados. Contrastes irregulares y eclécticos típicos de una ciudad grande.

Estos paisajes urbanos tan criticados, que nacen como producto de la falta de planeación y una sociedad de costumbres efímeras y rápidas, me resultaron emocionantes y diversos, nunca llegué a comprender bien como los personajes de la película pudieran vivir tan encerrados en una gran ciudad tan diferente en cada esquina, llena de variaciones. Ellos resistiendo su depresión con natación , abriendo ventanas en sus oscuros apartamento, buscando pareja, etc.  logran pasar un invierno que para ellos resulta ser cruel y bastante duro.

Por lo que vi en el paisaje urbano del film, Buenos Aires pareciera ofrecerse a sus habitantes como una ciudad con bastantes actividades al aire libre. Escuchando historias de mi hermana, que vivió allí un año, sé que la capital de Argentina tiene grandes parque, cantidad de actividades culturales a buen precio, cafés donde te puedes sentar a pasar la tarde sin necesidad de pedir nada al mesero, pues no te echan del establecimiento por no consumir. También sé que es cierto eso de los apartamentos pequeños donde no entra ni un rayo de sol y la vista desde la ventana parece ser miserable para muchos, pero creo que los personajes de la película exageran, puede ser solo desde mi punto de vista, pues amo las grandes ciudades y con tal de vivir inmersa en ese río de gente y lugares e infinitas calles por conocer, aguantaría sin problema lo de vivir en un pequeño apartamento. Algo no muy alejado de la realidad, pues vivo en un apartamento (no tan pequeño) con mis padres y mi hermano, pero duermo y habito la mayoría del tiempo en casa en una pequeña habitación donde no sé como, pero logran caber una cama, una pequeña biblioteca mi computador y un escritorio.

A diferencia de los pequeños, olvidados y desordenados apartamentos de los personajes de Medianeras, habito mi  pequeño espacio apropiándome de él, me gusta decorarlo, pego imágenes y dibujos en la pared, cuelgo muñecos del techo etc. Así cuando no tengo nada mirar mis paredes no resulta deprimente, sino divertido. Cada imagen posee un recuerdo que se puede relacionar con el de el lado y crear historias en ese territorio que hasta parece un mapa con calles, cuadras, esquinas.